Hospital Clínico Universidad de Chile
08/06/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

TLP: especialistas entregan herramientas para comprender y regular las emociones

En Chile, cerca del 3% de la población vive con Trastorno Límite de Personalidad (TLP), una condición con una tasa de letalidad por suicidio que ronda al 10% de los casos. Si bien en la actualidad existen tratamientos para ayudar a la regulación de los pacientes, su acceso es limitado y representa una urgencia de salud pública. Frente a este escenario, la Unidad de Trastornos de la Personalidad de nuestra Clínica Psiquiátrica Universitaria, presenta “Entendiendo mis emociones”, un manual dirigido a pacientes con TLP que busca derribar prejuicios, explicar la condición más allá de los estigmas y entregar herramientas concretas para comprender y manejar sus emociones.

El TLP suele estar rodeado de mitos y prejuicios. Muchas veces se asocia erróneamente con “manipulación” o “exageración emocional”, cuando en realidad se trata de una condición de salud mental compleja que afecta profundamente la forma en que las personas viven y regulan sus emociones, relaciones y pensamientos.

“No se trata de mala voluntad ni de manipulación, sino una dificultad importante para regular las emociones. Se trata de un sistema emocional que reacciona de forma más intensa y rápida que el de la mayoría de las personas y que tarda más tiempo en calmarse. Eso se conoce como hipersensibilidad emocional. En la mayoría de los casos existe una combinación entre una sensibilidad emocional de base y experiencias en la infancia en las que esas emociones no fueron bien acompañadas”, explicaron los especialistas.

Si bien el TLP puede verse de forma diferente en cada persona, hay experiencias que son frecuentes. Por ejemplo: el miedo intenso al abandono, cambios bruscos del estado de ánimo como ira intensa que aparece de forma súbita, sensación persistente de vacío, relaciones interpersonales inestables y, en algunos casos, en periodos de mucho estrés, sensación de estar fuera de tu cuerpo o pensamientos desconfiados. Otras características son las conductas autolesivas o pensamientos suicidas como una forma de aliviar el dolor emocional.

La diferencia entre las personas que padecen TLP y las que no, está en los “filtros” que generamos todas las personas desde la infancia para interpretar una situación a partir de nuestras vivencias. En el caso del TLP, cuando una experiencia fue difícil o dolorosa, pueden quedar filtros que distorsionan cómo leemos las situaciones actuales, por ejemplo, el abandono, la desconfianza o el esperar que los demás te hagan daño o se aprovechen de ti; la privación emocional que es creer que nadie podrá cubrir tus necesidades afectivas; el sentir que, si los demás te conocen de verdad, verán que eres defectuoso; creerse un fracaso y la vulnerabilidad o sentir que siempre hay una catástrofe a punto de ocurrir”, señalan.

Pese a las dificultades que implica el trastorno, el equipo enfatizó en que existen herramientas concretas que ayudan a manejar las emociones y mejorar la calidad de vida. Entre ellas mencionan, “Hay dos tipos de habilidades para manejar emociones: las que ayudan a manejar las emociones en el momento y las que ayudan a mantener una vida más estable a largo plazo”.

Entre ellas se encuentran:


• Distanciamiento: la capacidad de dar un paso atrás cuando la emoción se intensifica sin escapar de ella ni ahogarla.

• Comunicar las emociones de manera clara.

• Cuestionar los pensamientos distorsionados. Para hacerlo te puedes hacer preguntas como ¿Qué es exactamente lo que me estoy diciendo?, ¿Es realmente verdad? ¿Qué evidencia tengo? ¿Qué distorsión puede estar operando?, ¿Qué diría una persona que me quiere y piensa con calma sobre esta situación?, ¿Qué pensamiento más equilibrado y realista podría reemplazarlo?

• Distracción: herramienta de emergencia para cuando la intensidad emocional es tan alta que no puedes pensar con claridad.

• Afrontar los problemas y la regla más importante: no tomes decisiones importantes durante una crisis emocional. Las decisiones que se toman en esos momentos generalmente son las que no tomarías cuando tienes más control.

El tratamiento también incluye hábitos cotidianos que ayudan a estabilizar el sistema nervioso, como dormir bien, mantener una alimentación regular, realizar actividad física y dedicar tiempo al ocio. Finalmente, el equipo fue claro: “las recaídas pueden ocurrir, pero no borran el progreso realizado. Son parte de la recuperación, no el final de ella”, concluyeron.

Por: Rocío Cortez

Edición general: Fernanda Farfán

Diseño web: Inti Maldonado