Hospital Clínico Universidad de Chile
22/01/2026
Hospital Clínico Universidad de Chile

Dr. Kenyin Loo publica artículo con un nuevo enfoque para el tratamiento de la diabetes en personas mayores

En Chile, una de cada tres personas mayores de 65 años vive con diabetes, una cifra que va en aumento y que representa un desafío creciente para el sistema de salud, las familias y los propios pacientes. A medida que avanza la edad, el manejo de esta enfermedad se vuelve más complejo y requiere una mirada distinta, que vaya más allá de los números de laboratorio.

En ese contexto, el Dr. Kenyin Loo, diabetólogo del Hospital Clínico U. de Chile, realizó recientemente una publicación científica internacional que aborda el rol de la tecnología en el tratamiento de la diabetes en personas mayores, destacando la importancia de adaptar las terapias a la realidad funcional, cognitiva y social de cada paciente.

El artículo, titulado “Diabetes technology and the older adult: clinical outcomes and implementation strategies”, fue publicado en la revista científica Endocrine Practice y revisa la evidencia disponible sobre el uso de sensores de glucosa, lápices de insulina inteligentes y bombas de insulina en personas mayores, un grupo que históricamente ha sido excluido de los estudios clínicos.

Durante años, el control de la diabetes se evaluó principalmente a través de la hemoglobina glicada (HbA1c), un examen que muestra el promedio del azúcar en la sangre durante los últimos tres meses. Una HbA1c de 7% suele indicar un control glicémico moderado en una persona con diabetes, sin embargo, en personas mayores este indicador puede resultar engañoso, ya que este promedio puede ocultar bajadas peligrosas del azúcar en la sangre, conocidas como hipoglicemias.

“A medida que las personas presentan episodios de hipoglicemia, pueden desarrollar un cuadro llamado hipoglicemia inadvertida. Es decir, el cuerpo comienza a acostumbrarse a esos síntomas. Si antes el paciente sentía temblores cuando su glicemia llegaba a 70, después puede sentirlos a los 60, luego a los 50 y así sucesivamente. El problema es que, aunque los síntomas aparecen cada vez con valores más bajos, el riesgo sigue siendo el mismo o incluso mayor. Esto expone a las personas a situaciones peligrosas: por ejemplo, en una persona mayor, una caída puede significar una fractura; una fractura puede llevar a complicaciones importantes y, en el peor de los casos, a una inmovilización prolongada”, detalló el diabetólogo.

Si bien el desarrollo tecnológico ha abierto nuevas posibilidades para el manejo de la diabetes, como sensores que miden la glucosa en tiempo real, lápices de insulina que registran las dosis aplicadas y sistemas que permiten compartir la información con familiares o equipos de salud, hoy el foco del tratamiento no está solo en “controlar el azúcar”. El objetivo es hacerlo de forma segura, considerando factores como la edad, el estado funcional, la memoria, las enfermedades asociadas y el apoyo familiar o social disponible.

Frente a ello, el Dr. Kenyin Loo explica que no siempre lo que es teóricamente correcto es lo mejor en la práctica, ya que no solo se debe considerar cómo se comporta el organismo, sino también las capacidades que tiene cada persona para manejar su tratamiento.

“Por ejemplo, en el caso de la insulina, existen distintas formas de indicarla. Una opción sencilla es dejar una dosis fija. Otra alternativa es pedirle al paciente que se mida la glicemia, revise una tabla y, según ese valor, vea qué dosis le corresponde. Y una tercera opción es que el paciente cuente los gramos de hidratos de carbono, revise su glicemia y luego calcule la dosis de insulina. Esta última, desde el punto de vista teórico, sería la más fisiológica, pero si uno se fija, a medida que avanzamos de una opción a otra, el manejo se vuelve cada vez más complejo. Entonces, aunque teóricamente pueda ser lo ideal, en la práctica todo depende del contexto, de las capacidades de la persona y, especialmente, de situaciones como el deterioro cognitivo”.

Un enfoque centrado en la persona

Uno de los mensajes centrales del artículo científico es que el tratamiento de la diabetes en personas mayores debe ser individualizado, flexible y centrado en la calidad de vida. En nuestro Hospital Clínico Universidad de Chile, este enfoque se concreta a través de un policlínico especializado en diabetes y envejecimiento que integra principios geriátricos en la atención.

Allí, la evaluación no se limita a los exámenes de laboratorio. También se consideran la funcionalidad, la memoria, el riesgo de caídas, la autonomía, las redes de apoyo y la forma en que cada persona administra su tratamiento. “En estos casos pueden ocurrir olvidos, errores o incluso la duplicación de dosis, situaciones que muchas veces están estrechamente vinculadas al deterioro cognitivo o, eventualmente, a la demencia”, explicó el especialista.

“Esto tiene que ver con nuestra capacidad de comprender cómo la persona está administrando su tratamiento y de ajustar las terapias a su realidad. Y ese ajuste puede tener un gran impacto: a veces, al reducir parte del tratamiento, el paciente incluso mejora. Eso nos muestra que el modelo clásico de simplemente agregar más medicamentos no siempre es la solución y que muchas veces el problema es que la terapia no está verdaderamente adaptada al paciente”, agregó.

La terapia del futuro

En esa línea, el especialista señala que actualmente se están recopilando datos locales del policlínico con el objetivo de demostrar el impacto y la efectividad de esta intervención, la cual no requiere recursos adicionales y podría generar beneficios significativos.

“La idea es estructurar este modelo y aplicarlo en otros espacios, como hospitales o consultorios. Y si finalmente se demuestra que puede implementarse en otras instituciones y que funciona en todos esos lugares, entonces podríamos evaluarse a nivel país como una política pública y generar una modificación en la forma en que abordamos este problema”, finalizó.

Por: Rocío Cortez

Edición general: Fernanda Farfán

Diseño web: Inti Maldonado