El sueño es una función vital para nuestra salud y bienestar. Sin embargo, muchas personas sufren trastornos del sueño que afectan su calidad de vida. En este especial, exploramos la importancia del buen dormir, los principales problemas relacionados con el sueño y los exámenes disponibles para diagnosticar y tratar estas afecciones.
Dormir bien no solo nos ayuda a sentirnos descansados, sino que también es un proceso fisiológico esencial para la recuperación cerebral y la regulación del organismo. Durante el descanso, se eliminan desechos metabólicos, se consolidan recuerdos y se fortalecen funciones cognitivas y emocionales. La falta de sueño provoca fatiga, falta de concentración, alteraciones en el estado de ánimo y un menor rendimiento en las actividades diarias. Además, puede afectar el sistema inmunológico y aumentar el riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares, hipertensión y diabetes. Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad para mantener una buena salud física y mental.
Dos tercios de las consultas espontáneas son por trastornos respiratorios del sueño, principalmente ronquidos y apnea. El otro tercio corresponde a insomnio, que puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo o despertar demasiado temprano. En menor medida, hay alteraciones motoras y conductuales del sueño, como el síndrome de piernas inquietas, los trastornos del sueño REM, el sonambulismo y la hipersomnolencia excesiva, incluyendo la narcolepsia, aunque esta última es la menos frecuente.
Uno de los trastornos más frecuentes es la apnea del sueño, una condición en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche, causando ronquidos, fatiga diurna y riesgos cardiovasculares. La apnea obstructiva tiene una prevalencia de hasta un 80% en personas obesas, y si bien no provoca fallecimientos nocturnos, sí aumenta el riesgo cardiovascular, deterioro cognitivo y otras complicaciones a largo plazo, por lo que debe ser tratada adecuadamente.
El insomnio crónico se define como la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o el despertar precoz, al menos tres veces por semana durante más de tres meses. Además, debe generar un impacto en la vida diaria, como fatiga, falta de concentración o somnolencia. No se considera insomnio clínico cuando una persona duerme pocas horas pero no presenta repercusiones diurnas, como ocurre en algunos adultos mayores o personas con un requerimiento natural de sueño más corto.
Es un trastorno neurológico caracterizado por una sensación molesta en las piernas antes de dormir, que mejora con el movimiento. Esto dificulta la conciliación del sueño y puede estar acompañado de movimientos involuntarios durante la noche, fragmentando el descanso. Los afectados suelen presentar fatiga, hipersomnolencia y deterioro en su calidad de vida. Aunque se ha observado mayor frecuencia en personas con neurodivergencias, el síndrome está clásicamente asociado a deficiencia de hierro. Por lo tanto, es más común en personas con anemia, enfermedad renal crónica o embarazadas. La hipótesis principal es que la falta de hierro en el sistema nervioso central afecta la neurotransmisión dopaminérgica, lo que podría explicar los síntomas.
La narcolepsia es un trastorno neurológico en el que la persona experimenta somnolencia excesiva durante el día y episodios repentinos de sueño.
La higiene del sueño es clave. Se recomienda mantener horarios regulares de sueño, evitar estimulantes como café o bebidas energéticas después de las 3 p.m., no comer en exceso ni ingerir líquidos antes de dormir, y reducir la exposición a pantallas con luz LED en la noche. Además, la cama debe usarse solo para dormir; si una persona no puede conciliar el sueño, es mejor levantarse y realizar otra actividad relajante hasta sentir sueño nuevamente.
Es el estudio de primera línea para diagnosticar trastornos del sueño. Se realiza en nuestro hospital mientras el paciente duerme y permite registrar la actividad electroencefalográfica, funciones cardiológicas, movimientos corporales y patrón respiratorio del paciente, a través de la observación en video con visión nocturna y un monitoreo por un técnico especializado. Una polisomnografía es fundamental para el diagnóstico de apnea del sueño y otros trastornos como la Epilepsia nocturna, Trastorno conductual del sueño REM y movimientos periódicos de las piernas
Se utiliza para diagnosticar narcolepsia. Consiste en realizar una polisomnografía la noche previa, evaluar cinco siestas durante el día, cada dos horas y medir el tiempo promedio que tarda el paciente en quedarse dormido, además de identificar la aparición de sueño REM en los primeros 15 minutos.
Un estudio ambulatorio más simple que evalúa la respiración durante el sueño en pacientes con alta sospecha de apnea del sueño. Este estudio, que estará próximamente disponible en nuestro hospital, permite diagnosticar apnea del sueño en casa. Se registran: esfuerzo respiratorio, flujo de aire nasal y oximetría. A diferencia de la polisomnografía, no registra actividad electroencefalográfica ni movimientos, pero es una alternativa viable en casos de alta sospecha clínica.
Para pacientes con apnea del sueño que requieren un CPAP (dispositivo de presión continua de aire). Se puede realizar en el hospital o de manera ambulatoria con dispositivos automáticos. Cuando se realiza de manera ambulatoria, el paciente tiene que calibrar su CPAP en casa durante tres noches. El dispositivo ajusta automáticamente la presión y envía los datos a la nube para análisis remoto.
En nuestro Hospital Clínico contamos con una Unidad del Sueño especializada en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento integral de pacientes con patologías del sueño y epilepsia. Esta unidad está conformada por un equipo de médicos especialistas de amplia trayectoria y experiencia, comprometidos con brindar una atención de excelencia y personalizada.
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