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Columna de opinión. Dr. Pablo Salinas C. "Neurodivergencia: verdades de una realidad"

 

En los últimos días el diagnóstico TEA (trastorno del espectro autista) ha aparecido en diversos medios en relación a otros hechos noticiosos, como la agresión a un docente por parte de un alumno o la filtración pública de fotos eróticas de una profesora. Sin dudarlo, las redes sociales se han llenado de diversas opiniones, muchas de ellas bastante descorazonantes por la ignorancia y el prejuicio que exhiben y otras pocas que son francamente indignantes por la violencia del lenguaje que usan y por quienes las emiten.

Por ende, vale la pena comentar un par de ideas que sí es necesario divulgar.

El trastorno del espectro autista es un diagnóstico de neurodivergencia, vale decir, es una condición. No se adquiere, no se transmite, no se desarrolla ni se elige. No es una secuela de algún fármaco ni menos del uso de vacunas.

El conocimiento actual nos muestra que esta condición es genética, heredada de padre/madre a hijo(a) y que consiste en una dificultad en la comprensión de claves sociales tácitas, derivada de una construcción de la "teoría de la mente" que es distinta a la mayoría de las personas neurotípicas y que se demuestra en particularidades en el contacto social. (La teoría de la mente es la capacidad neuropsíquica que nos permite hipotetizar qué es lo que está pensando la persona que tenemos enfrente en alguna situación social dada).

A esto se puede asociar alteración en la tolerancia sensorial específica y conductas o intereses estereotipados (repetitivos). No existe ninguna asociación con el nivel de inteligencia de las personas ni con sus otras capacidades cognitivas.

Las personas no tienen TEA, sino que son TEA: son neurodivergentes. Y para una persona neurodivergente es bueno entrenarse en las maneras de interactuar dentro de una sociedad ideada y construida para personas neurotípicas para así poder desarrollar todo el potencial cognitivo, disciplinar y humano de cada uno.

Ese es precisamente el desafío que tienen que enfrentar a diario las personas neurodivergentes. Y nuestro desafío como una sociedad que desea ser desarrollada y, por ende, que quiere potenciar a cada uno de sus integrantes es avanzar en dinámicas de comprensión y aceptación de la neurodiversidad con todo lo que eso conlleva.

Es por esto que la modernización de los sistemas educativos y laborales con profesionales y técnicos formados al respecto en el área, infraestructura acorde a este manejo con recursos materiales que lo permitan y la modernización y mejoramiento del sistema sanitario con profesionales entrenados que apoyen a las personas neurodivergentes en su proceso de entrenamiento, son elementos cruciales y, sobre todo, ineludibles para los años que vienen.

La promulgación de la Ley TEA es el primer paso en esta modernización y cambio social, y nos compromete como país a proveer urgentemente estos requerimientos en los años que vienen. Algo no menor, considerando que a fin de año debemos elegir a quienes dirigirán el país en el futuro próximo y mediano. Y tendremos que elegir entre candidatos que han hecho gala de su ignorancia y escasa sensibilidad frente al tema y, en general, frente a las políticas de inclusión que el país necesita.